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                   «No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.»

         Virginia Woolf.


    

    Por el momento, y esperemos que sea así hasta la eternidad, nada ni nadie puede conocer lo que estamos pensando si no se lo decimos nosotros. Es verdad que a lo largo de la historia y en la actualidad se siguen usando medios sofisticados de tortura, por lo general físicos pero también psicólogicos, para obligarnos. Pero al final será nuestra voluntad y nuestra decisión el manifestarlos.

    En los ambientes normales, laborales o familiares por ejemplo, no hay peor cosa que no decir a nuestros compañeros o familiares lo que estamos pensando. Con el tiempo y tomando como base reacciones anteriores, podemos tomar la decisión de aplicarnos el refrán de «en boca cerrada no entran moscas» y así ahorrarnos posibles reacciones desagradables. Una lástima tener que llegar a estas situaciones, más comunes de lo que pueda parecer.

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