Niños de 3 a 6 años

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), es un trastorno que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.

Tanto la Hiperactividad como la Falta de Atención pueden darse de forma conjunta o separada, con lo que tendremos tres tipos de sujetos:

      • Tipo con predominio del déficit de atención.
      • Tipo con predominio de la impulsividad-hiperactividad.
      • Tipo combinado, donde predominan tanto síntomas de desatención como de impulsividad-hiperactividad.

Es muy importante, y muy difícil en un primer momento, diagnosticar a tiempo la Falta de Atención. La Hiperactividad, con el tiempo, tiende a cesar a medida que crece el niño, pero la falta de atención puede derivar en lagunas importantes en su formación, que serán de muy difícil recuperación y llevará indefectiblemente a un menor o mayor fracaso en la formación de tipo académico.

Aún no habiendo acuerdo en la edad en la que hay que tomar una decisión acerca del diagnóstico, se usa de forma generalizada los SIETE años, si bien esto depende de multitud de factores, tanto biológicos como familiares, contextuales, sociales etc. La proporción estimada es de cuatro niños por cada niña.

Uno de los primeros puntos en los que el niño tiene que empezar a “manejar” su grado de atención es en la escuela. Por ello, y es un asunto más, el maestro puede ser de gran ayuda en la primera escolarización, entre los tres y los seis años, para ir detectando algunos de los síntomas y en qué grado se dan. Hay que tener en cuenta que en el colegio el niño debe ser estar un gran número de horas de forma continuada, observando unas reglas, realizando ciertas tareas y, en suma, conviviendo con sus iguales en un ambiente con cierto grado de control de forma generalizada, lo que conduce a un mayor grado de autonomía personal.

Paralelamente, y mucho más hoy en día, los padres pasan a diario poco tiempo con sus hijos en estas edades, por motivos de todos conocidos, y en todo caso la relación es más libre y dedicada al ocio, con lo que es menos factible para ellos observar el posible Déficit de Atención. Bien es verdad que el otro apartado, la hiperactividad, sí suele darse en este entorno, llegando el niño a desarrollar una actividad que sobrepasa con creces lo que pudiera considerarse normal.

Como se ha referido, si bien la hiperactividad puede conducir a problemas de índole física, lo que de verdad debe preocuparnos, insisto, es el Déficit de Atención. Cuando el síntoma predominante es el déficit de atención, es más difícil detectarlo, puesto que no se presentan en tan alto grado problemas de comportamiento. Con frecuencia estos niños son tildados de despistados, pasivos y desorganizados, no molestan en el aula pero tampoco aprenden, su rendimiento no resulta satisfactorio y a veces hay dudas sobre sus capacidades a pesar de que estas sean normales.

Es por ello muy importante, cuando hayamos notado que nuestro hijo muestra una conducta demasiado activa, contactar con su maestro y conversar acerca de estos extremos para estar sobre aviso y, en su caso, poner al niño en contacto con profesionales, médicos, psicólogos, etc. que le traten y reconduzcan este déficit de atención. También es posible, mediante medicación, tratar el tema de la hiperactividad, aunque en principio los padres suelen mostrarse reaccios ante esta alternativa, que se materializa en forma de mayores o menores dosis de medicamentos de forma continua y prolongada. No debemos de confundir la lógica actividad desbordante que exhiben nuestros pequeños con un trastorno de hiperactividad. En este sentido deberemos de tener en cuenta la lógica y natural diferencia existente entre niños y niñas en cuanto al nivel de actividad.

No se han determinado con absoluta seguridad las causas de la hiperactividad, si bien se admite que pudiera ser hereditaria. Se han estudiado multitud de posibles causas, hormonales. ambientales, etc., etc sin llegarse a una conclusión determinante. El hecho de la posible transmisión hereditaria nos puede poner en guardia a los padres si ellos han sido hiperactivos en su infancia. Viene a cuento mencionar que, antiguamente, en el colegio, la hiperactividad, cuando llegaba a ser molesta para el maestro, se arreglaba enseguida, con la aquiescencia de los padres, sin mayores problemas y sin entrar en más detalles. Hoy en día los maestros tienen menos mecanismos para atajar de forma contundente y rápida este asunto, con lo que se ven forzados a optar por otros mecanismos más lentos que no hacen sino desgastar al propio maestro y aislar al niño, esto hablando en términos absolutamente generales y sin ánimo de polemizar

Cuando no hay síntomas de otras enfermedades en el niño y paulatinamente se va retrasando en su nivel académico, principalmente, y social, es cuestión de ponerse sobre aviso y tomar medidas.

Se enumeran a continuación diferentes síntomas observables acerca de la atención y la hiperactividad:

ATENCION

  • No logra prestar atención cuidadosa a los detalles o comete errores por falta de cuidado en el trabajo, en la escuela o en otras actividades.
  • Presenta dificultad para mantener la atención en las tareas o en actividades lúdicas.
  • Con frecuencia parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • A menudo no sigue instrucciones y no logra terminar el trabajo escolar, los deberes u obligaciones en el lugar de trabajo (cuando no es debido a un comportamiento de oposición o a que no logra entender las instrucciones).
  • Frecuentemente tiene problemas para organizar sus tareas y actividades.
  • A menudo evita, le disgusta o se muestra renuente a comprometerse en tareas que requieran esfuerzo mental (como el trabajo o las tareas escolares).
  • Con frecuencia pierde u olvida cosas necesarias para las tareas o actividades (por ejemplo, juguetes, tareas escolares, lápices, libros o herramientas).
  • A menudo se distrae fácilmente con estímulos externos.
  • Se muestra a menudo olvidadizo en las actividades diarias
  • Le cuesta "ponerse en marcha" (para vestirse, hacer los deberes,...), ya que se distrae fácilmente con estímulos irrelevantes.
  • Presenta problemas para mantener la atención hasta finalizar sus tareas y tiende a dejar una actividad por otra al poco rato de haberla empezado, dejando varias inacabadas.
  • A menudo olvida sus obligaciones cotidianas (cepillarse los dientes, recoger la ropa,...).
  • Puede tener problemas para seleccionar lo que es más importante, comete errores por descuido en las tareas escolares u otras actividades, al no prestar suficiente atención a los detalles.
  • Dificultades para prestar atención a dos estímulos alternativos o simultáneos (por ejemplo escuchar al profesor y tomar notas al mismo tiempo,...)
  • Con frecuencia evita o se resiste ante tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido y/o un grado de organización elevado.

HIPERACTIVIDAD

  • A menudo juega con sus manos o pies o se retuerce en su asiento.
  • Con frecuencia se entromete o interrumpe a los demás (por ejemplo, irrumpe en conversaciones o juegos)
  • Con frecuencia abandona su asiento en la clase o en otras situaciones cuando lo que se espera es que se quede sentado.
  • Dificultad esperando su turno para hablar o en fila
  • Tiene problemas para participar en actividades "apacibles" como la lectura.
  • Parece que estuviera siempre ajetreado.
  • A menudo corre y trepa excesivamente en situaciones inapropiadas (en adolescentes o adultos puede estar limitado a sentimientos subjetivos de inquietud).
  • Con frecuencia tiene dificultad para jugar o involucrarse en forma silenciosa en actividades placenteras.
  • A menudo habla excesivamente, está " en movimiento" o actúa como si fuera "impulsado por un motor".

Cuando el niño presenta alguno o varios de estos síntomas, durante períodos prolongados de tiempo y no son debidos a otras enfermedades o conductas, podemos estar ante un caso de TDAH. Si ello es así, la desmotivación por las tareas y el abandono o no iniciación de las mismas reside en la dificultad para mantener su atención y no en la vaguería o desgana, que es lo que en principio podemos achacarle.

En este sentido, se ha comprobado que el rendimiento de los niños con TDAH disminuye claramente ante tareas poco novedosas o repetitivas, si bien esto no es generalizable, ya que si una tarea o actividad le interesa es capaz de mantener su atención de una forma exageradamente intensa.

Si la tarea es novedosa, la atención y rendimiento inicial suelen ser buenos, para deteriorarse a medida que se convierte en repetitiva y monótona y suele llevar al abandono total de la misma La atención del niño con TDAH, suele ser dispersa, se distrae con el vuelo de una mosca, y se altera ante cualquier estímulo irrelevante, por lo no consigue mantener la atención en las condiciones normales de una clase, presentando dificultades para centrar su atención en la tarea..

Debido al círculo en el que se halla inmerso el niño, se pueden presentar problemas de tipo emocional, como baja autoestima e inseguridad, de rendimiento escolar, de adaptación y relaciones con los profesores o compañeros, lo que le puede llevar a un círculo vicioso de aislamiento y castigo que a la larga empeorará la situación.

En algún caso, el niño puede presentar un alto coeficiente de inteligencia unido a un lenguaje superior a su edad, lo que puede confundir al maestro, dado que memoriza las cosas en lugar de entenderlas y con su lenguaje fácil parece que lo entiende todo y que “eso son cosas muy fáciles”.. A la larga su capacidad de memorización se irá agotando y, dados sus problemas de comprensión, cuando las tareas escolares requieran un mayor y continuado esfuerzo fracasará.

Por todo ello, en estas tempranas edades, el maestro es una figura fundamental a la hora de detectar los posibles casos de Déficit de Atención, comunicarlo a los padres y estar sobre aviso para, en caso, poner al niño en manos de un profesional médico o psicólogo que confirme el diagnóstico y lo trate.

Uno de los tratamientos a aplicar a este tipo de niños es la medicación, que deben de tomar de forma continua y diaria, bajo un estricto control médico. Con mucha frecuencia, los padres se niegan a ello aduciendo que no les parece lógico tratar un problema de conducta con un fármaco. Es preciso convencerles de la bondad de este tipo de medicamentos, probados y utilizados durante años, y que van a servir para ayudar al niño tanto o más como lo haría la amoxicilina en unas anginas. El futuro del niño depende de atajar a tiempo este trastorno y una de las opciones más aconsejables, junto con otro tipo de acciones, es la medicación.

En el siguiente enlace podeis ver o descargar una historia muy explicativa y entrañable titulada "Historia de JAVI, un niño con TDAH", escrita por Lola Duque, con dibujos de Luis Pernía, a los que agradezco su deferencia al permitir su inclusión en esta página

Historia de Javi, un niño con TDAH