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FUNDAE

Formación bonificada en IA: cómo usar el crédito de FUNDAE

7 min de lectura

Sí: una formación en inteligencia artificial puede bonificarse con el crédito de formación de tu empresa, igual que cualquier otra acción formativa, siempre que cumpla los requisitos y las comunicaciones se hagan en plazo. Lo que no existe es el «curso 100 % bonificable» que promete algún comercial: el crédito es de tu empresa, se agota, caduca a final de año y depende de trámites que no controla quien imparte la formación.

Este artículo explica el mecanismo completo, quién hace cada cosa y dónde se rompen los expedientes, para que puedas decidir con criterio antes de comprometerte con fechas.

Qué es el crédito de formación

Las empresas que cotizan por formación profesional disponen cada año de un importe destinado a formar a su plantilla. Ese importe —el crédito— se calcula a partir de lo cotizado por ese concepto el ejercicio anterior y del tamaño de la plantilla, y se hace efectivo aplicando bonificaciones en los seguros sociales una vez impartida la formación.

Tres consecuencias prácticas que conviene tener claras desde el principio:

  • No es dinero que se recibe: es una bonificación que se aplica en las cotizaciones. Primero se paga la formación y después se descuenta.
  • Es anual y se pierde: el crédito no consumido no se arrastra al año siguiente.
  • Es de la empresa: ningún proveedor «te da» formación bonificada. Como mucho, te ayuda a que la acción formativa cumpla lo necesario.

El importe exacto de tu crédito y los porcentajes aplicables según el tamaño de la plantilla los publica y actualiza la propia Fundación Estatal para la Formación en el Empleo. Conviene consultarlos ahí y no fiarse de cifras que circulan en artículos comerciales, porque cambian.

Quién hace qué

Esta es la parte que más confusión genera, y donde más vale la pena ser preciso.

La empresa es la titular del crédito. Decide qué formación necesita, quién asiste y asume el coste. Es también la responsable última de que el expediente esté bien.

La entidad organizadora es quien tramita: comunica las acciones formativas, gestiona el expediente y responde de la parte administrativa ante FUNDAE. Puede ser la propia empresa —muchas medianas lo hacen internamente o a través de su gestoría— o una entidad externa contratada para eso.

El formador o proveedor de formación imparte y aporta el contenido, el material, el control de asistencia y la documentación de la acción formativa.

Cuando alguien afirma que «gestiona la bonificación», conviene preguntarle en cuál de esos tres papeles está. En mi caso lo digo sin rodeos: yo imparto y preparo la documentación de la formación, y me coordino con quien tramite. No me presento como entidad organizadora porque no lo soy.

Qué requisitos debe cumplir la formación

Los requisitos concretos dependen de la modalidad y se detallan en la normativa vigente, pero hay unos cuantos que aparecen siempre y que conviene revisar antes de cerrar nada:

  • Duración mínima de la acción formativa, con reglas distintas según se imparta presencialmente, en aula virtual o en teleformación.
  • Participantes identificados desde el inicio, con sus datos y su relación laboral con la empresa.
  • Contenido y objetivos definidos por escrito, coherentes con la actividad de la empresa.
  • Control de asistencia o de conexión, según la modalidad.
  • Evaluación del aprendizaje de los participantes.
  • Comunicación previa del inicio de la formación, con la antelación establecida.

Una formación en IA aplicada al puesto de trabajo encaja sin problema en este esquema. Lo que suele dar guerra no es el contenido: son los plazos.

Dónde se rompen los expedientes

Por orden de frecuencia, esto es lo que arruina una bonificación que iba bien:

1. Comunicar tarde. Hay que comunicar el inicio antes de empezar, con la antelación que marque la normativa. Cerrar las fechas de la formación sin haber contado ese margen es el error más caro y el más fácil de evitar.

2. Cambiar cosas sobre la marcha. Mover un día la segunda sesión, añadir a dos personas que se han apuntado a última hora o cambiar el horario tiene efectos en el expediente. Se puede gestionar, pero hay que avisar, no descubrirlo al final.

3. Registrar mal la asistencia. Firmas que faltan, sesiones sin registro, participantes que aparecen en la lista pero no asistieron. Es la parte que se revisa primero en un control.

4. Documentación incompleta. Contenidos, evaluación, factura y justificantes deben poder mostrarse si hay una revisión posterior. Conviene guardarlo todo desde el primer día, no reconstruirlo dos años después.

5. Dejarlo para diciembre. Como el crédito caduca, muchas empresas concentran la formación al final del año. Es justo cuando las agendas están peor y cuando cualquier retraso se lleva por delante el plazo de comunicación.

Cómo lo planteo yo

Cuando una empresa me pide formación en IA con intención de bonificarla, el orden es este:

  1. Comprobar el crédito y quién va a tramitar, antes de hablar de contenidos. Si no hay crédito o no hay quien tramite, el resto de la conversación cambia.
  2. Fijar fechas hacia atrás, contando el plazo de comunicación previa. Primero el trámite, después el calendario.
  3. Cerrar la lista de participantes con margen, sabiendo que los cambios de última hora complican el expediente.
  4. Preparar la documentación formativa —objetivos, contenidos, materiales, evaluación y control de asistencia— con lo que se exige, y entregarla a quien tramite.

Y una cosa que digo siempre en la primera llamada: si veo que el encaje no es claro, lo digo antes de empezar. Es preferible que una empresa contrate la formación sin contar con la bonificación, sabiéndolo, a que la contrate creyendo que está garantizada y descubra en enero que no lo estaba.

¿Y si no sale la bonificación?

Sigue habiendo dos preguntas que responder: si la formación os hace falta y si el precio compensa sin bonificar. Si la respuesta a las dos es sí, la bonificación es una mejora, no la razón para contratar. Si la respuesta depende exclusivamente de que salga el trámite, mejor resolver primero la parte administrativa y hablar de formación después.

Si quieres ver cómo se plantea el contenido, tienes el detalle en la página de formación en IA bonificada por FUNDAE y el itinerario completo en formación en IA para empresas. Y si prefieres resolverlo hablando, reserva media hora y lo miramos con tu caso concreto.

Preguntas frecuentes

¿Puede una empresa bonificar formación que imparte un formador autónomo?

Sí, siempre que la formación cumpla los requisitos y el expediente lo gestione una entidad organizadora. El formador aporta el contenido, la impartición y la documentación de la acción formativa; la tramitación es un paso distinto.

¿Qué pasa si un participante no asiste a todas las sesiones?

La asistencia se registra y afecta a la parte bonificable de esa persona. Por eso conviene cerrar la lista con margen, avisar de las bajas en cuanto se conocen y no dar por hecho que se puede sustituir a alguien el mismo día.

¿El crédito se acumula de un año para otro?

No funciona así: el crédito está asociado al ejercicio y no usarlo significa perderlo. Es la razón por la que muchas empresas concentran formación en el último trimestre, con el riesgo de llegar tarde a los plazos de comunicación.

¿Dónde compruebo el crédito que tiene mi empresa?

En la propia sede electrónica de FUNDAE, con el certificado digital de la empresa. Si lo lleva vuestra gestoría, ellos suelen tener ese dato antes que nadie.

Siguiente paso

Empecemos por media hora

Una sesión de diagnóstico de 30 minutos para ver qué necesita tu equipo. Si no encaja, te lo digo y no perdemos más tiempo.