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Hacer presentaciones con IA: qué parte puede hacer y cuál no

Qué parte de una presentación puede hacer la IA y cuál sigue siendo tuya, con Copilot dentro de PowerPoint o con un asistente al lado si no tenéis licencias.

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11 min

«¿Cuál es la mejor IA para crear presentaciones?» casi nunca es una pregunta de curiosidad tecnológica. Llega con prisa: hay un comité el jueves, una visita de cliente el martes o un claustro el lunes, y por delante treinta diapositivas que nadie ha empezado.

La respuesta honesta es que la herramienta pesa menos de lo que parece. Lo que decide si el resultado sirve es de qué material partes. Con un informe, unas notas y un objetivo claro, casi cualquier asistente actual te devuelve un borrador con el que se puede trabajar. Sin material, todos te devuelven lo mismo: una presentación con buen aspecto y sin nada dentro.

Este artículo cubre las dos vías que se dan en una empresa —Copilot dentro de PowerPoint, si ya tenéis licencias asignadas, y un asistente generalista al lado, si no— y, sobre todo, la parte que suele faltar: qué trozo de una presentación puede ayudarte a hacer la IA y cuál sigue siendo tuyo. No vas a encontrar aquí una lista de las ocho mejores aplicaciones: esa lista caduca antes de que termines de leerla.

Qué parte de una presentación hace la IA y cuál no

Una presentación no es una sola tarea: son seis trabajos distintos metidos en el mismo archivo, y la IA se comporta de forma muy diferente en cada uno.

  1. Decidir qué quieres conseguir y ante quién. Que aprueben el presupuesto, que el cliente entienda la propuesta, que el claustro acepte el cambio. Esto es tuyo: nadie de fuera lo sabe.
  2. Reunir el material y los datos. También tuyo, aunque aquí la IA ayuda a extraer y ordenar lo que ya está escrito.
  3. Ordenarlo en un guion. Qué va antes, qué va después, qué sobra. Aquí es donde más rinde.
  4. Escribir el texto de cada diapositiva. Rinde bastante, siempre con revisión.
  5. Maquetar. Propone una disposición razonable; no decide vuestra identidad visual.
  6. Contarlo delante de la gente. Tuyo, aunque puede prepararte las notas y anticiparte las preguntas.

Dicho de otra forma: la IA es útil en el tramo del medio —de material a estructura— y no te sustituye en los extremos, que son el mensaje y la entrega.

Conviene anticipar un efecto concreto de la primera vía. Con Copilot dentro de PowerPoint el resultado puede impresionar visualmente y aun así necesitar bastante revisión para que la historia, los datos y el diseño no queden genéricos. Y eso vale igual para la segunda vía: en ambas, la calidad depende sobre todo de la información de partida.

La regla que decide el resultado: de qué partes

Lo que más tiempo ahorra con diferencia es convertir información que ya existe en una primera versión útil: transformar notas en una estructura, un informe en un guion, un acta en cinco diapositivas de seguimiento. Lo que no funciona es lo contrario —«hazme la presentación entera desde cero» y darla por terminada—, porque la revisión posterior suele comerse el supuesto ahorro y encima te deja delante un texto que no reconoces como tuyo.

Por eso, antes de abrir ninguna herramienta, la parte más rentable del proceso es de recogida:

  • El material. El informe, el acta, los correos, la hoja de cálculo con los números buenos.
  • El objetivo. Qué tiene que pasar cuando termines de hablar.
  • La audiencia. Qué sabe ya y qué le preocupa.
  • El tiempo. Doce minutos y cuarenta y cinco no son la misma presentación.
  • La plantilla. El archivo con la marca de la empresa, no un documento en blanco.

Cinco minutos de recogida cambian el resultado mucho más que cualquier cambio de herramienta. Y si ese material está en papel o en un PDF escaneado que no deja seleccionar texto, el primer paso no es la presentación sino pasarlo a texto, que tiene sus propias reglas y su propia revisión.

Este orden —material primero, herramienta después— es lo que más cuesta instalar en un equipo, y es exactamente lo que se trabaja en la formación en IA para empresas: no qué botón se pulsa, sino qué se le da, qué se le pide y qué se revisa antes de enseñárselo a nadie.

Vía A: Copilot dentro de PowerPoint

Tiene sentido cuando la empresa ya tiene licencias de Microsoft 365 Copilot asignadas a las personas que van a presentar. Es la continuación natural de lo que Copilot hace en el resto de Office: en Word, Outlook y Teams ya vimos qué cambia en cada aplicación, y PowerPoint quedaba fuera de aquel artículo; esta sección completa la serie.

Dentro de PowerPoint, Copilot puede proponerte una presentación a partir de una instrucción o de un documento de la organización al que ya tienes acceso, añadir diapositivas sueltas sobre un punto que falta y resumir una presentación larga. Qué funciones concretas verás depende del plan, de la versión y de lo que Microsoft tenga activo en tu entorno, así que la comprobación sensata es abrirlo con un documento vuestro antes de planificar nada alrededor.

Tres cosas conviene tener claras:

Ve lo que tú ves, ni más ni menos. Es la misma regla que en el resto de aplicaciones: si puede partir de un informe es porque tú ya tienes permiso para abrirlo. La cara incómoda es que un documento compartido de más aparece en cuanto alguien pregunta lo correcto.

La plantilla decide el parecido con vuestra empresa. Si la presentación nace dentro de un archivo que ya usa vuestra plantilla corporativa, el resultado se parece a vosotros. Si nace en blanco, se parece a todas las demás generadas esa semana, y arreglarlo después cuesta más que haber empezado bien.

La licencia no es nuestro negocio, el uso sí. Nosotros no vendemos ni revendemos licencias de Microsoft; enseñamos a usar las que ya tenéis. Sí merece la pena comprobar antes quién las tiene asignadas: formar en algo que media sala no puede abrir es la forma más rápida de perder una sesión.

Vía B: sin licencias, el asistente al lado

Si no tenéis Copilot, no os quedáis fuera. El mismo trabajo se hace con un asistente generalista abierto en otra ventana, en tres pasos:

  1. El guion. Le das el material y le pides la estructura: cuántas diapositivas, qué va en cada una y qué parte del material la respalda.
  2. El texto. Diapositiva a diapositiva, o por bloques: título, apoyos y lo que dirás tú de viva voz.
  3. El montaje. Lo haces en PowerPoint o en Google Slides, sobre la plantilla de la empresa. Es el paso que la primera vía te ahorra, y es rápido cuando el texto ya está decidido.

Existen también generadores que devuelven directamente el archivo de diapositivas ya maquetado. Lo que hay que comprobar, con un archivo vuestro y no con el ejemplo de la web, es qué pasa al abrirlo en PowerPoint con vuestra plantilla y cuánto retoque queda después. Si el retoque es largo, no has ahorrado nada.

En lugar de una lista de aplicaciones, cuatro preguntas ordenan la elección:

  • ¿Qué vas a pegar dentro? Si el material lleva datos de clientes, de personal o información no publicada, la herramienta y la cuenta las decide la empresa, no quien tiene prisa esa tarde.
  • ¿El archivo final tiene que ser un .pptx editable? Si alguien va a retocarlo el año que viene, un formato cerrado es un problema futuro.
  • ¿Lo va a usar una persona o veinte? Una herramienta más para una persona es un experimento; para veinte es una decisión con coste y con formación detrás.
  • ¿Cuánto se tarda en montarlo a mano? Si son quince minutos, nada justifica añadir una herramienta nueva al catálogo.

Con esas cuatro respuestas la elección casi se hace sola, y por eso no tiene sentido una lista cerrada.

Cuatro instrucciones específicas de presentación

Estas no son instrucciones genéricas de oficina: cada una ataca una parte concreta del trabajo.

1. Del documento al guion.

«A partir de este informe, propón el guion de una presentación de 12 minutos para [audiencia]. Quiero un único mensaje principal y entre 8 y 10 diapositivas. Para cada una: el título, la idea que sostiene y qué parte del informe la respalda. No añadas nada que no esté en el documento; si crees que falta algo importante, dímelo en una lista aparte en vez de rellenarlo.»

2. Títulos que afirmen algo.

«Convierte estos títulos de diapositiva en afirmaciones. En vez de “Resultados del trimestre”, quiero la frase que resume lo que el público debe entender al verla. Máximo doce palabras cada una, sin adjetivos de más.»

3. Separar la pantalla del discurso.

«Convierte este apartado en una diapositiva: un título afirmativo, un máximo de tres apoyos de una línea y, aparte, lo que yo diría en voz alta mientras se ve. Lo que aparece en pantalla y lo que digo no deben repetirse.»

4. La audiencia incómoda.

«Haz de [director financiero / cliente escéptico / claustro]. Con este guion delante, dime las cinco preguntas difíciles que me van a hacer y en qué diapositiva se nota que voy flojo.»

Fíjate en lo que tienen en común: ninguna dice «hazme una presentación sobre X». Todas parten de material que ya existe y piden una transformación concreta. Si lo que buscas son instrucciones genéricas de oficina —resumir, comparar, redactar—, están en los prompts para el trabajo de oficina; estas son solo de presentación.

Los datos: la parte que no se delega

Un dato en una diapositiva que no puedes rastrear hasta su origen es un riesgo, no un apoyo. Si alguien pregunta de dónde sale y no lo sabes, la reunión ya se ha torcido aunque la cifra fuese correcta.

La regla práctica es sencilla: los números los pones tú, desde tu hoja de cálculo o desde una fuente que puedas citar; la IA los redacta, los ordena y te propone cómo enseñarlos. Nunca al revés. Y si el problema previo es sacar esos números de un documento largo, eso es otra tarea: la resuelvo en resumir PDF y documentos largos con IA.

Sobre gráficos: puede sugerirte qué visualización encaja con lo que quieres contar y ayudarte a simplificar una tabla imposible. Que la cifra sea la buena y la comparación justa sigue siendo cosa tuya.

El diseño: hasta dónde llega y dónde para

La IA propone maquetación. Distribuye un título y tres puntos, agrupa lo que va junto, sugiere dónde iría una imagen y qué diapositivas están sobrecargadas. Como primer arreglo visual, ahorra trabajo.

Lo que no hace es sustituir el criterio de diseño ni la identidad visual de la empresa. La tipografía, la paleta, el uso del logo, qué se puede tocar de la plantilla y qué no: eso lo decide quien lleva la marca, y una presentación que va a un cliente representa a la empresa entera. El fallo típico no es feo, es genérico: una presentación correcta que podría ser de cualquiera.

La revisión antes de presentar

Seis comprobaciones, en este orden:

  1. Leyendo solo los títulos, ¿se entiende la historia? Si no, el guion está mal, no el diseño.
  2. ¿Hay algún dato que no puedas rastrear? Fuera o comprobado, no hay tercera opción.
  3. ¿Sobra alguna diapositiva? Estas herramientas tienden a producir de más. Quitar es casi siempre mejorar.
  4. ¿Suena a vosotros? Los términos internos, los nombres de los productos, el tono con ese cliente concreto.
  5. ¿La plantilla es la vuestra y está bien aplicada?
  6. ¿Sabes qué vas a decir en cada diapositiva? Si hay una en la que no, la ha escrito la máquina y no la has leído.

Cuándo no compensa

Cuando son cinco diapositivas que ya tienes en la cabeza: montarlas a mano es más rápido que explicar el contexto. Cuando no tienes material y crees que la IA lo va a poner por ti: ahí sale la presentación bonita y vacía. Y cuando lo que está en juego es alto —un comité, una defensa de proyecto, una negociación—, el papel de la IA cambia: no es la autora, es la crítica que te dice qué preguntas te van a hacer y dónde flojea tu argumento.

Dónde se aprende esto con vuestras propias presentaciones

Casi todo lo anterior se explica en una hora. Lo difícil es que se quede. El error que más veo en formaciones de IA es encadenar demostraciones sin tocar en ningún momento un proceso real del alumno: la gente sale entusiasmada y la semana siguiente no ha cambiado nada, porque nunca llegó a hacer su propio trabajo con la herramienta delante.

Por eso, cuando esto se trabaja en formación, se hace con una presentación que alguien de la sala tiene que dar de verdad la semana que viene. Si tenéis licencias, dentro de PowerPoint en la formación en Microsoft 365 Copilot. Si no las tenéis, con el flujo del asistente al lado en el curso de ChatGPT para empresas. Las dos forman parte del itinerario de formación en IA para empresas.

Si no tienes claro cuál de las dos vías encaja con vuestras licencias y con lo que presentáis habitualmente, reserva media hora y lo miramos con una presentación real antes de decidir nada.

Dudas habituales

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor IA para crear presentaciones?

No hay una respuesta única y desconfía de quien te dé una lista cerrada, porque estas herramientas cambian de mes en mes. El criterio que sí se mantiene es este: si tu empresa ya tiene licencias de Microsoft 365 Copilot asignadas, la vía natural es trabajar dentro de PowerPoint, porque el resultado nace ya en vuestra plantilla y con acceso a vuestros documentos. Si no las tenéis, un asistente generalista al lado hace el mismo trabajo en tres pasos. Y por encima de las dos manda lo mismo: con material de partida cualquiera de las dos funciona, y sin material ninguna.

¿Copilot en PowerPoint hace la presentación entera?

Hace un borrador, que no es lo mismo. Puede proponerte una presentación a partir de una instrucción o de un documento de la organización al que ya tienes acceso, y eso te ahorra la parte de la hoja en blanco. Lo que no hace es decidir qué quieres decir ni comprobar si los datos que aparecen son los buenos. Qué funciones concretas verás depende del plan, de la versión y de lo que Microsoft tenga activo en tu entorno, así que lo sensato es abrirlo y comprobarlo con un documento vuestro antes de dar nada por hecho.

¿Puedo hacer presentaciones con IA si no tengo licencia de Copilot?

Sí, y para muchas empresas es la vía más razonable. El flujo es en tres pasos: le pides el guion a partir del material que ya tienes, luego el texto de cada diapositiva, y el montaje lo haces tú en PowerPoint o en Google Slides sobre la plantilla de la empresa. Se tarda algo más que teniendo el asistente integrado, pero el resultado depende más de cómo pides las cosas que de dónde las pidas.

¿La IA respeta la plantilla corporativa?

No lo des por hecho. La forma de que se parezca a vuestra empresa es partir de un archivo que ya use vuestra plantilla, en lugar de generar la presentación en blanco y maquillarla después. Y aun así, la maquetación que propone es una sugerencia: el criterio de diseño y la identidad visual —qué tipografía, qué colores, cómo se usa el logo, qué se puede tocar y qué no— siguen siendo decisiones de quien lleva la marca.

¿Le puedo pedir los datos del sector para el contexto?

Es justo lo que no conviene hacer. Un dato que aparece en una diapositiva sin que puedas rastrearlo hasta su origen es un riesgo, no un apoyo: si alguien pregunta de dónde sale y no lo sabes, has perdido la reunión aunque la cifra fuera correcta. Los números los pones tú desde tu hoja de cálculo o desde la fuente que puedas citar, y la IA se encarga de redactarlos y ordenarlos, no de encontrarlos.

¿Cuánto tiempo ahorra de verdad?

Depende de por dónde empieces. Si partes de un informe, unas notas o un acta que ya existen, el ahorro está en la primera versión —pasar de material desordenado a una estructura razonable— y suele ser considerable. Si le pides la presentación entera desde cero y la das por terminada, la revisión posterior tiende a comerse el ahorro: acabas reescribiendo un texto que no reconoces como tuyo, que es más lento que escribirlo bien a la primera.

Siguiente paso

Empecemos por media hora

Una sesión de diagnóstico de 30 minutos para ver qué necesita tu equipo. Si no encaja, te lo digo y no perdemos más tiempo.