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Generar imágenes con IA: cómo se piden y dónde no usarlas
Cómo pedir una imagen a una IA con la misma estructura de un buen prompt, para qué sirve en una empresa pequeña y en qué casos no deberías usarla.
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Generar imágenes con IA para el trabajo se parece poco a hacerlo por gusto. Buena parte de lo que se busca sobre estilos de fotos para ChatGPT es de uso personal —retratos, filtros, versiones ilustradas de una foto propia—; este artículo va de lo otro: qué sentido tiene en una empresa pequeña, cómo se piden las imágenes para que salga algo utilizable y —con el mismo peso— en qué situaciones no deberías usar una imagen generada aunque puedas.
Empiezo por lo que hace que todo lo demás encaje: pedir una imagen es escribir un prompt. No es una habilidad distinta de la que ya usas cuando pides un resumen o un correo; es la misma instrucción en lenguaje natural, con las mismas reglas y los mismos fallos.
Una imagen se pide igual que un texto
Con las imágenes el fallo de partida es el mismo que con el texto, y encima se nota antes. «Una foto de una oficina moderna» es una descripción de cinco palabras: no dice el encuadre, ni la orientación, ni si hay gente, ni para qué es. El resultado es previsible —una imagen correcta, genérica y sin relación con lo que necesitabas— y quien lo prueba así una vez concluye que esto no sirve.
El clic llega cuando la persona deja de buscar la frase mágica y empieza a dar contexto, restricciones, un entregable exacto y criterios para saber si el resultado vale. Si esa parte te suena nueva, qué es un prompt y por qué importa cómo lo escribes explica los elementos mínimos, y es justo lo que se trabaja sobre documentos y tareas propias en el curso de prompt engineering.
La anatomía de un prompt de imagen
La estructura que uso cuando una tarea importa es contexto, objetivo, restricciones, entregable exacto y criterios de aceptación. Traducida a una imagen, queda así:
- Contexto. Dónde va a ir la imagen: la portada de una presentación, un post de blog, un esquema para explicar algo en una reunión. Condiciona el encuadre y el nivel de detalle.
- Objetivo. Qué tiene que conseguir. «Que se entienda de un vistazo que hablamos de dos procesos en paralelo» es un objetivo; «un dibujo bonito» no lo es.
- Restricciones. Aquí entra casi todo lo que marca la diferencia: orientación y proporción, fondo, paleta de color, si hay o no personas, si tiene que quedar espacio libre para poner un titular encima, qué no debe aparecer.
- Entregable exacto. El formato en el que la vas a usar, dicho antes y no después: horizontal para una diapositiva, cuadrado para una publicación, vertical si va en un móvil.
- Criterios de aceptación. Cómo sabrás que está bien. Suele bastar con dos o tres: que se lea a tamaño pequeño, que no incluya texto, que el fondo permita recortar.
Un ejemplo del salto entre una cosa y otra. Prompt flojo:
«Una imagen para una presentación sobre atención al cliente.»
Prompt trabajado:
«Ilustración horizontal para la portada de una presentación interna sobre atención al cliente. Estilo de ilustración plana, línea sencilla, dos colores como máximo, fondo claro y uniforme. Sin personas reconocibles, sin logotipos y sin texto dentro de la imagen. Deja la mitad izquierda despejada porque encima irá el título. Tiene que leerse bien proyectada y en blanco y negro.»
No hay ninguna palabra técnica en el segundo. Solo hay decisiones tomadas antes de escribir, que es de lo que va esto. El mismo patrón que en los prompts para el trabajo de oficina: la mejora no viene de un vocabulario especial, viene de no dejar huecos que la herramienta tenga que rellenar por su cuenta.
Qué es en realidad pedir un «estilo»
El estilo es una de las restricciones, no el prompt entero. Es la parte que más se busca y la que menos determina si la imagen te sirve: puedes acertar de pleno con el estilo y tener una imagen inservible porque está en vertical, lleva texto ilegible o no deja sitio para el titular.
Dicho eso, tener vocabulario ayuda: describir un estilo con precisión es más rápido que ir probando. Los que más se repiten en material de trabajo son unos pocos:
- Fotografía de producto sobre fondo neutro, cuando quieres algo que parezca un catálogo.
- Ilustración plana o de línea, a uno o dos colores. Es la que mejor envejece en documentos corporativos y la que mejor se lee proyectada.
- Esquema o diagrama, sin pretensión estética: cajas, flechas, jerarquía.
- Isométrico, útil para representar sistemas o espacios sin entrar en detalle.
- Boceto a mano alzada, que tiene una ventaja concreta: se ve a la legua que es una propuesta y no algo cerrado.
Dos avisos sobre estilos. El primero, práctico: pedir «al estilo de» una obra reconocible o de un artista o fotógrafo concreto es un atajo tentador y una mala idea en material de empresa, tanto por la parte de derechos como por lo que dice de ti que tu presentación imite el trabajo de alguien. Describe el estilo por sus características —línea, color, textura, encuadre— en lugar de por el nombre de quien lo hizo.
El segundo, sobre el texto: si necesitas que la imagen lleve un titular, un rótulo o el nombre de tu empresa, pídela sin texto y ponlo tú después con la herramienta que uses para maquetar. Sale mejor, es editable y evita el clásico cartel con letras casi correctas.
Cuatro usos con sentido en una empresa pequeña
No todos los usos compensan igual. Estos cuatro son los que veo funcionar de verdad, y tienen algo en común: son de apoyo, internos o de bajo riesgo, y ninguno pretende pasar por una fotografía.
Un boceto para explicar una idea
Es el uso más infravalorado. Cuando intentas explicar una distribución, un flujo o una propuesta y no acabas de hacerte entender, un boceto ahorra media reunión. No tiene que ser bonito ni preciso: basta con que la otra persona diga «ah, entonces te refieres a esto». Y como se ve que es un boceto, nadie lo confunde con una decisión tomada.
Imágenes de apoyo para una presentación o un post
Portadas de sección, ilustraciones de concepto, fondos con espacio libre para el titular. Es el uso más frecuente y el que más tiempo ahorra frente a buscar en un banco de imágenes hasta encontrar algo que encaje. Si el trabajo es la presentación entera y no solo la imagen, hacer presentaciones con IA cubre qué parte del proceso puedes delegar y cuál sigue siendo tuya. Y si la imagen es para publicar en redes, el contexto está en IA para redes sociales de empresa.
Un mockup rápido de algo que aún no existe
Una idea de packaging, la disposición aproximada de un espacio, cómo podría verse una propuesta antes de encargarla. Sirve para decidir por dónde tirar, no para producir. La regla que evita problemas es etiquetarlo: si la imagen sale de tu ordenador hacia el de un cliente, tiene que ir dicho por escrito que es conceptual y que no representa el resultado final. Una expectativa creada con un mockup la acaba pagando alguien más adelante.
Ilustrar un concepto abstracto
Cuando el contenido no tiene imagen natural —una metodología, un cambio de proceso, un riesgo— una ilustración conceptual da respiro visual sin fingir que documenta nada. Aquí es donde los estilos de ilustración plana o esquemática rinden más.
Editar una imagen que ya tienes
Partir de material propio suele dar mejor resultado que generar una escena entera desde cero, y es la parte donde más gente se queda corta porque no sabe que puede pedirlo. Las peticiones que funcionan son concretas, de una en una y con un criterio de aceptación:
«Sobre esta foto: cambia el fondo por uno liso gris claro, sin sombras marcadas, manteniendo el objeto exactamente igual. Formato cuadrado. Si algo del objeto queda cortado al recortar, dímelo en vez de reconstruirlo.»
«Amplía esta imagen por arriba para que quede espacio libre suficiente para dos líneas de titular, sin deformar lo que ya hay.»
Ese último detalle —«dímelo en vez de reconstruirlo»— es el equivalente visual de pedirle a un modelo de texto que avise cuando un dato no está en el documento. Y hay un motivo de fondo: lo que devuelve no es tu foto retocada, es una imagen nueva generada a partir de ella, y puede haber cambiado detalles que no pediste. Revísala entera, no solo la parte que querías cambiar.
Un apunte de sentido común antes de subir nada: una foto de una instalación, un documento o un espacio de trabajo puede llevar información que no tocaba enseñar. Los mismos criterios de qué no compartir nunca con ChatGPT aplican a las imágenes.
Dónde no debes usar una imagen generada
Esta sección pesa lo mismo que las anteriores. Hay tres líneas que no conviene cruzar, y ninguna depende de lo buena que sea la herramienta.
Nada que vaya a pasar por real. Una imagen generada no puede aparecer donde el lector va a entender que ve una fotografía: tus instalaciones, tu equipo, una obra terminada, un producto en uso, un evento. Da igual la intención; cuenta cómo se interpreta. Si el contexto sugiere «esto existe», la imagen tiene que ser real.
Productos que no son tuyos. Generar imágenes de productos, marcas o logotipos ajenos para material propio es problemático por varias vías a la vez, y no hay ningún caso en el que compense.
Nada certificable ni técnico. Un plano, un esquema eléctrico, una infografía con datos, una imagen que alguien pueda usar para medir o decidir algo. Lo que se genera tiene aspecto de precisión sin tenerla, y esa combinación es justo la peligrosa.
Personas reales: el límite más serio
Merece punto aparte. Generar la imagen de una persona identificable, o alterar una fotografía suya, es terreno con implicaciones legales y éticas serias. No deja de serlo porque la persona sea un compañero, porque el uso sea interno, porque el resultado sea favorecedor, porque nadie lo vaya a publicar o porque el retoque sea pequeño.
La regla práctica en una empresa es corta: si en una imagen tiene que aparecer alguien de tu organización, se hace una fotografía y se pide su consentimiento. Y si necesitas figuras humanas genéricas para ilustrar algo, que sean claramente ilustración, no personas fotorrealistas que puedan parecer alguien.
Derechos y uso comercial: qué mirar antes
Aquí no te voy a dar una respuesta cerrada, porque no la hay que sirva para todos los casos. Los términos de uso de cada herramienta dicen qué puedes hacer con lo que generas, cambian con el tiempo y no coinciden entre unas y otras ni entre planes gratuitos y de pago.
Lo que sí puedes convertir en rutina:
- Lee las condiciones de la herramienta que uses antes de publicar nada, y vuelve a mirarlas de vez en cuando.
- Comprueba si tu plan concreto tiene condiciones distintas del gratuito.
- Guarda por escrito la instrucción con la que pediste cada imagen que acabe en material publicado. Si algún día hay que explicar de dónde salió, lo tienes.
- Si el uso es relevante para el negocio —una campaña, un envase, la imagen de marca— consúltalo con quien te lleve los temas legales antes, no después.
- Decide internamente si vais a indicar que una imagen es generada. No hay una norma única, pero conviene que la decisión esté tomada y no se improvise cada vez.
Cómo se revisa una imagen antes de publicarla
Igual que un texto generado se revisa antes de enviarlo, una imagen se mira antes de colgarla. Cinco comprobaciones rápidas: que no haya texto dentro salvo que lo hayas puesto tú; que no aparezca nada que parezca un logotipo o una marca; que las manos, los objetos y las repeticiones no tengan errores evidentes; que a tamaño real —proyectada, en móvil— siga entendiéndose; y que nadie pueda interpretarla como una fotografía de algo que existe. Si falla la última, se descarta y no hay más conversación.
Dónde se practica esto
Generar imágenes no es una herramienta aparte: es el mismo prompt de siempre aplicado a otro tipo de salida, y quien escribe buenos prompts de texto tarda poco en escribir buenos prompts de imagen. Por eso tiene más sentido aprender el patrón que memorizar listas de estilos.
Eso es lo que se trabaja en el curso de prompt engineering, sobre tareas reales en lugar de ejemplos genéricos. Si tu equipo parte de cero con la herramienta, el curso de ChatGPT para empresas es la puerta de entrada más directa; y si trabajas por tu cuenta y quieres decidir qué usos compensan en tu caso, el curso de IA para autónomos está pensado para eso. Cuando la duda no es la imagen sino por dónde empezar con toda la plantilla, esa conversación es la de la formación en IA para empresas.
Si prefieres verlo con tu material antes de decidir nada, reserva media hora y lo revisamos con lo que ya estás publicando.
Preguntas frecuentes
¿Qué estilos puedo pedir en una imagen generada con IA?
Puedes pedir cualquier estilo que sepas describir: fotografía de producto sobre fondo neutro, ilustración de línea a un solo color, esquema plano tipo diagrama, dibujo a mano alzada, isométrico, acuarela. Lo que conviene entender es que el estilo es solo una de las restricciones del prompt. Un resultado utilizable depende más de que hayas fijado el encuadre, el fondo, la orientación, el espacio libre para el texto y el formato final que de la etiqueta del estilo que hayas escrito.
¿Puedo pedirle que edite una foto que ya tengo?
Sí, y para trabajo suele ser el uso más rentable, porque partes de material tuyo en lugar de inventar una escena entera. Las peticiones que mejor funcionan son concretas y de una en una: cambiar el fondo por uno neutro, recortar a un formato distinto, ampliar el margen superior para que quepa un titular, limpiar un objeto que sobra. Ten en cuenta que el resultado no es una foto retocada, es una imagen nueva generada a partir de la tuya, así que revísala entera antes de darla por buena.
¿Puedo generar la imagen de una persona?
Personas inventadas y no identificables, en usos internos y de apoyo, es un terreno razonable. Personas reales, no: generar la imagen de alguien identificable, o alterar una foto suya, tiene implicaciones legales y éticas serias, y no deja de tenerlas porque la persona sea un compañero de trabajo o el resultado se quede en una presentación interna. Si en la imagen tiene que aparecer alguien de tu empresa, lo que corresponde es una fotografía con su consentimiento.
¿Puedo usar comercialmente una imagen generada con IA?
No es algo que se pueda responder con un sí o un no genérico desde un artículo. Depende de los términos de uso de la herramienta concreta que utilices, del plan que tengas contratado y del uso que le vayas a dar, y esos términos cambian con el tiempo. Lo que sí puedes hacer siempre es lo mismo: leer las condiciones de la herramienta antes de publicar, guardar por escrito qué decías al pedir la imagen y, si el uso es relevante para el negocio, consultarlo con quien te lleve los temas legales.
¿Puedo usar imágenes generadas en las diapositivas de un cliente?
Depende de para qué. Como apoyo visual de un concepto —una metáfora, un esquema, una portada de sección— es un uso habitual y poco problemático, siempre que no represente datos, instalaciones, productos ni personas reales. Lo que no debe pasar es que una imagen generada aparezca en una propuesta como si fuera una fotografía de algo que existe. Si la diapositiva sugiere «esto es lo que hay», la imagen tiene que ser real.
¿Hace falta aprender una herramienta nueva para generar imágenes?
Para los usos de apoyo que se describen aquí, normalmente no: los asistentes de IA generativa que ya se usan para texto incorporan hoy la generación de imagen en la misma conversación, así que no hay una aplicación nueva que aprender ni un flujo aparte. Lo que sí hay que aprender es a pedirlo, y esa habilidad es la misma que ya usas para escribir un buen prompt de texto.