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Herramientas

10 usos de ChatGPT que ahorran horas en administración

9 min de lectura

La diferencia entre alguien que dice que ChatGPT «no le sirve para nada» y alguien que le ahorra un rato cada día casi nunca está en la herramienta: está en cómo se le pide. «Hazme un resumen» y «resume este informe en ocho puntos para el comité, con el hallazgo, su gravedad y la acción propuesta, y dime lo que no aparezca en el documento» son la misma petición con dos resultados incomparables.

Estos son diez usos que veo funcionar en departamentos de administración, con la instrucción concreta y lo que hay que revisar después. Ninguno requiere conocimientos técnicos.

1. Contestar correos largos con muchas preguntas

Un correo de un cliente con seis asuntos mezclados. En lugar de releerlo tres veces:

«Te paso un correo de un cliente. Extrae todas las preguntas o peticiones que contiene en una lista numerada, sin responderlas todavía. Si algo es ambiguo, márcalo como tal.»

Con la lista delante, contestas tú. Sirve además para no dejarse la tercera pregunta, que es lo que suele pasar.

Revisa: que no haya fundido dos peticiones en una.

2. Redactar la respuesta manteniendo el tono de la empresa

«Redacta la respuesta a este correo. Tono profesional pero cercano, sin fórmulas rebuscadas, máximo doce líneas. Usa estos datos: [lo que quieres decir]. No inventes plazos ni importes que no te he dado.»

La última frase es la más importante: sin ella, se los inventa con toda naturalidad.

Revisa: fechas, importes y compromisos. Siempre.

3. Resumir un documento largo con un objetivo concreto

Un pliego, un contrato o un informe de treinta páginas:

«Resume este documento para alguien que tiene que decidir si nos presentamos. Máximo quince líneas, centrado en plazos, requisitos excluyentes y penalizaciones. Si algo no aparece, dilo en lugar de deducirlo.»

Revisa: los requisitos excluyentes, uno a uno, en el original.

4. Comparar dos versiones de un documento

«Te paso dos versiones de un contrato. Enumera únicamente las diferencias de fondo —obligaciones, plazos, importes, responsabilidades— e ignora los cambios de redacción que no alteren el significado.»

Es de los usos que más tiempo ahorran y donde más se agradece tener un segundo par de ojos.

Revisa: que no haya omitido diferencias. Sirve como primera pasada, no como única.

5. Convertir notas de reunión en acta

Notas telegráficas de una reunión:

«Convierte estas notas en un acta breve con tres apartados: temas tratados, acuerdos y tareas pendientes con responsable. Si en las notas no consta el responsable de una tarea, escribe “por asignar” en lugar de suponerlo.»

Revisa: los acuerdos. Un acta con un acuerdo mal recogido genera más trabajo del que ahorra.

6. Preparar un borrador de procedimiento

Cuando hay que documentar cómo se hace algo que todo el mundo sabe hacer pero nadie ha escrito:

«Voy a explicarte un proceso paso a paso de forma desordenada. Ordénalo en un procedimiento numerado, con los requisitos previos al principio y una nota de los puntos donde suelen aparecer errores. Pregúntame lo que falte antes de escribirlo.»

Esa última frase cambia mucho el resultado: en lugar de rellenar huecos, pregunta.

7. Extraer datos de un documento a una tabla

«De este documento, extrae en una tabla: número de factura, fecha, proveedor, base imponible e IVA. Si algún dato no aparece, deja la celda vacía; no lo calcules ni lo estimes.»

Revisa: los importes, todos. Es el uso con más riesgo de la lista y por eso lleva la instrucción de no calcular.

8. Reescribir un texto para otro destinatario

El mismo contenido dirigido a un cliente, a un compañero técnico o a un miembro del consejo:

«Reescribe este texto para dirección: quita el detalle técnico, ve al impacto y a la decisión que hay que tomar. Máximo ocho líneas.»

Revisa: que al simplificar no haya suavizado un problema.

9. Preparar preguntas antes de una reunión o una llamada

«Voy a reunirme con un proveedor sobre [asunto]. A partir de esta información, prepárame diez preguntas que debería hacer, ordenadas de más a menos importante, incluyendo las incómodas.»

Es un uso que no ahorra tiempo de mecanografía sino de despiste: llegar con las preguntas pensadas cambia la reunión.

10. Montarte tus propias plantillas

El más rentable de los diez, y el que casi nadie hace. Cuando una instrucción funciona, se guarda:

«A partir de ahora, cuando te pase un correo de reclamación, respóndeme siempre con este formato: resumen del problema en una línea, gravedad, respuesta propuesta y qué necesito comprobar antes de enviarla.»

Guardar cinco instrucciones así, en un documento compartido del equipo, rinde más que cualquier lista de trucos.

Las tres reglas que hacen que esto funcione

Da contexto. Quién eres, para quién es el texto, qué formato quieres y qué extensión. La diferencia entre un resultado inútil y uno aprovechable suele estar en dos frases de contexto.

Prohíbele inventar. «Si no aparece en el documento, dilo» debería estar en casi todas tus instrucciones. No lo elimina del todo, pero reduce mucho el relleno.

Revisa antes de enviar. Cifras, fechas, nombres y compromisos. La herramienta redacta bien y se equivoca con la misma seguridad con la que acierta; la responsabilidad de lo que sale con tu firma sigue siendo tuya.

Y una regla más, sobre datos

Antes de pegar nada: sustituye nombres, NIF, direcciones y cualquier dato identificable por marcadores genéricos. Para redactar la respuesta a una reclamación, la herramienta no necesita saber quién reclama. Si vuestra empresa aún no tiene decidido qué se puede pegar y qué no, esa conversación es más urgente que cualquier truco de esta lista.

En el curso de ChatGPT para empresas se trabajan estos casos con vuestros propios documentos, y cada participante sale con sus plantillas hechas. Si quieres ver si encaja con tu equipo, reserva media hora.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta la versión de pago?

Para trabajar con archivos y documentos largos, normalmente sí. Para redacción y reescritura de textos cortos, la versión gratuita da bastante juego. Conviene probar antes de contratar licencias para toda la plantilla.

¿Puedo pegar datos de clientes?

Como norma, no sin haberlo decidido antes. Sustituye nombres, NIF, direcciones y cualquier dato identificable por marcadores genéricos: la herramienta no necesita saber quién es el cliente para redactar la respuesta.

¿Cómo evito que se invente cosas?

Dándole el material y pidiéndole explícitamente que se limite a él y que señale lo que no aparece. Aun así hay que comprobar los datos concretos: cifras, fechas y nombres son donde más falla.

¿Cuánto se tarda en coger el hábito?

La parte técnica se aprende en una sesión. Lo que cuesta es acordarse de usarlo en el momento adecuado, y por eso funciona tener plantillas guardadas para las tareas que se repiten cada semana.

Siguiente paso

Empecemos por media hora

Una sesión de diagnóstico de 30 minutos para ver qué necesita tu equipo. Si no encaja, te lo digo y no perdemos más tiempo.