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Curso de IA en 2026: en qué formar al equipo y en qué orden

Cómo decidir en qué formar a tu equipo en IA: por dónde entrar según vuestro punto de partida, qué priorizar, qué sobra y cómo comprobar que sirvió.

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«¿En qué deberíamos formar al equipo este año?» es una pregunta de planificación, y se responde mal cuando se convierte en una pregunta sobre el futuro. La decisión útil no depende de qué modelos se anuncien ni de qué funciones incorpore cada fabricante: depende de dónde parte tu equipo hoy, de qué tareas le comen las horas y de qué parte de lo aprendido seguirá sirviendo cuando la herramienta que uséis cambie de nombre, de menú o de dueño.

Este artículo es un método para decidir eso: cómo elegir el punto de entrada, qué priorizar y en qué orden, qué se puede dejar fuera, cómo encajarlo con el crédito de formación y cómo comprobar semanas después si sirvió. No hay predicciones aquí, entre otras cosas porque un plan que dependa de acertarlas es un mal plan.

La objeción de la caducidad es la que decide el temario

La objeción más frecuente cuando se plantea formar a un equipo es esta: «esto cambia tan rápido que en seis meses estará desactualizado». Es razonable y merece una respuesta precisa, porque de la respuesta sale directamente qué hay que enseñar.

La parte que caduca es fácil de identificar: nombres de modelos, precios, límites de cada plan, qué funciones están en qué versión y dónde está cada botón. Todo eso cambia cada pocos meses y no vale la pena construir una formación encima.

La parte que no caduca es la que hace que la herramienta produzca algo aprovechable: qué contexto aportar antes de pedir nada, describir la tarea con precisión, fijar criterios de aceptación, exigir un formato de salida concreto, iterar cuando el primer resultado no sirve, reconocer cuándo la herramienta no es la vía y revisar con criterio profesional lo que devuelve. Eso no es conocimiento de producto: es un método transferible que se aplica igual en la aplicación que uses hoy y en la que uses dentro de dos años.

Lo que yo no vendo es memorizar una interfaz. Vendo aprender ese método y aplicarlo a tareas reales, que es justo la parte que sobrevive a los cambios. Cómo se traduce en un programa concreto está en la metodología y en formación en IA para empresas; si prefieres saltarte el artículo y contrastarlo con vuestro caso, media hora de diagnóstico suele bastar para ver en qué hay que formar y en qué no.

La objeción, por tanto, es correcta contra buena parte de lo que se ofrece, y es el filtro con el que conviene leer cualquier temario que te pasen.

Casi todos los planes empiezan al revés: alguien pide un temario, recibe una lista de módulos y decide sobre ella. El problema es que el mismo temario produce resultados opuestos según de dónde salga el equipo. Estas son las tres situaciones que se repiten.

Punto de partida A: nadie lo usa de forma estable

Hay curiosidad, alguien lo ha probado en casa y en el trabajo no se usa para nada serio. Aquí el riesgo no es enseñar poco: es empezar por la herramienta y saltarse el marco.

Lo primero es entender qué es esto y qué no es, porque casi todos los errores iniciales vienen de tratarlo como un buscador o de esperar que acierte sin darle material. Ese marco está en qué es la IA generativa para una empresa y es media hora bien invertida antes de tocar nada. Después, una tarea por persona: una sola, de las que repite cada semana, trabajada hasta que salga bien tres veces seguidas.

Lo que no funciona aquí es la sesión panorámica de dos horas con veinte demostraciones: sale bien valorada y no deja nada detrás.

Punto de partida B: lo usan por su cuenta, sin criterio común

Es la situación más habitual y la que más se subestima. Hay tres o cuatro personas que lo usan a diario, otras tantas que lo dejaron, y nadie sabe qué información se está pegando en qué herramienta ni con qué cuenta.

Aquí la carencia no es de habilidad, es de criterio compartido: qué se puede subir y qué no, qué cuentas se usan, quién revisa qué antes de que salga de la empresa, cómo se guarda lo que funciona para que no viva en el historial de una sola persona. La formación vale entonces por lo que iguala hacia arriba: convierte el conocimiento disperso de tres personas en una forma de trabajar del equipo. Los dos apoyos naturales son qué no compartir nunca con ChatGPT y una política de uso de IA escrita en una página.

Punto de partida C: hay licencias y no hay adopción

Se contrataron licencias —Copilot, la versión de empresa de ChatGPT, lo que sea—, se anunció internamente y el uso real es una fracción de lo que se paga. Es el caso donde más dinero hay ya comprometido y donde peor funciona la formación genérica.

La razón habitual es que la herramienta se desplegó sin decidir para qué. La prioridad aquí es la inversa: primero se eligen las tareas concretas donde esa herramienta en particular aporta —normalmente las que tocan documentos y correo que ya están dentro del sistema—, y la formación se construye sobre ellas. Si además conviven varias herramientas y hay que elegir por cuál empezar, está desarrollado en ChatGPT o Copilot, cuál enseñar primero.

Qué priorizar primero, y en qué orden

Con el punto de partida claro, el orden que mejor rinde es este. No es un temario: es la secuencia de prioridades sobre la que después se monta el contenido.

  1. Criterio de uso y revisión. Qué información entra en cada herramienta y cuál no, y cómo se revisa un resultado que está bien redactado y puede estar equivocado. Va primero porque es lo único que evita daños y porque sin ello el resto se aprende con el freno de mano puesto.
  2. El método de instrucción. Contexto, tarea, formato, criterios de aceptación, iteración. Es la parte transferible, la que sigue valiendo cuando cambie la herramienta, y la que separa a quien obtiene resultados de quien prueba dos veces y se rinde.
  3. Dos o tres tareas reales por puesto. No veinte aplicaciones: dos o tres usos que esa persona repite cada semana, trabajados con sus documentos hasta que salgan sin pensar. Cuando un uso se repite cinco veces deja de ser algo que se vio en un curso.
  4. Dejarlo por escrito. Instrucciones guardadas en un sitio compartido, criterios de cuándo se usa y cuándo no, quién revisa qué. Sin esto, lo aprendido se evapora con la primera semana ocupada.
  5. La herramienta concreta, al final. Las funciones específicas de una suite se aprenden en una fracción del tiempo cuando ya existen los cuatro puntos anteriores. Al revés no funciona.

El orden importa más que la extensión: un plan corto que lo respete rinde más que uno largo que empiece por el punto 5, que es como se diseña la mayoría.

Qué es prescindible, al menos de momento

Recortar es la parte más rentable de un plan de formación, y la que nadie propone porque encoge la factura. Casi siempre se puede dejar fuera:

  • El recorrido por el catálogo de herramientas. Veinte aplicaciones vistas rinden menos que dos usadas. Si el temario tiene más nombres de aplicaciones que tareas de tu equipo, está diseñado para parecer completo.
  • Las listas de «100 prompts». Se descargan y no se abren. Cinco instrucciones propias, escritas por el equipo sobre sus documentos, valen más que cien ajenas.
  • La teoría de fondo más allá de lo mínimo. Hace falta entender por qué la herramienta se inventa cosas; no su arquitectura interna ni la historia del sector.
  • Perseguir cada novedad. Un anuncio no es una necesidad formativa: la mayoría no cambia nada en las tres tareas que os importan.
  • Formar a toda la plantilla el mismo día. Iguala el gasto, no el resultado.
  • Certificaciones sin uso detrás. Un diploma no acredita que nadie trabaje distinto, y la normativa tampoco lo pide.

La obligación europea de alfabetización en IA

Hay un motivo adicional para tener el plan por escrito, y conviene explicarlo sin exagerarlo. El artículo 4 del Reglamento europeo de IA obliga desde el 2 de febrero de 2025 a garantizar «un nivel suficiente de alfabetización en materia de IA» de las personas que trabajan con estos sistemas por cuenta de la organización y, según la nota de preguntas y respuestas de la Comisión Europea, desde el 3 de agosto de 2026 las autoridades pueden supervisar su cumplimiento. Qué obliga exactamente, y a quién, está desarrollado en el reglamento europeo de IA y lo que obliga a tu empresa.

Lo importante es lo que no dice: no exige ningún certificado ni un curso determinado. Hay que poder explicar qué medidas se han tomado, y para eso basta un registro sencillo de quién ha recibido qué formación y cuándo. Lo desarrollé para centros educativos en la guía de normativa de IA en las aulas, y el criterio de fondo es el mismo en una empresa. Nada de esto convierte la formación en una obligación de gasto; sí convierte ese registro en algo que conviene llevar desde la primera sesión.

Cómo encajarlo con el crédito de formación

Si tu empresa cotiza por formación profesional, dispone de un crédito anual que puede aplicarse a esta formación, y te ayudamos a bonificarla preparando la documentación pedagógica que exige el procedimiento. Con una cautela que conviene decir antes de que entre en los números: no soy entidad organizadora y no tramito el expediente —eso lo lleva vuestra gestoría o una entidad organizadora externa—, así que nadie puede garantizaros que la bonificación acabe saliendo. Dos avisos prácticos más: el crédito tiene un tope de coste bonificable por hora y participante, así que rara vez cubre una formación muy personalizada al completo; y la tramitación tiene plazos de comunicación previos que obligan a decidir con antelación, lo que empuja a planificar el año en lugar de improvisar en noviembre. Las condiciones están en formación en IA bonificada por FUNDAE.

Un apunte sobre presupuesto: la pregunta útil no es cuánto cuesta la hora de formación, sino cuánto os cuesta que el equipo salga de la formación y siga trabajando exactamente igual. Ese es el gasto que casi nunca se contabiliza. Para comparar propuestas con estructuras distintas está cuánto cuesta una formación en IA para empresas; para decidir entre in-company, taller, charla o mentoría, los formatos de formación en IA; y si sois pocos perfiles implicados, en formación en IA para pymes.

Cómo saber si ha funcionado

El criterio que uso, aplicable a cualquier proveedor incluido yo: si al terminar no hay entre tres y cinco casos de uso claros que el equipo pueda repetir sin ayuda, la formación estaba mal diseñada. No mal impartida: mal diseñada.

Eso se comprueba esperando tres o cuatro semanas y preguntando qué se sigue usando y qué se abandonó. La encuesta de satisfacción del mismo día mide otra cosa —si la sesión resultó interesante—, y confundir las dos permite que una formación con buena nota no deje nada detrás. Las tres señales que buscas: casos de uso que se repiten, instrucciones guardadas en un sitio compartido y un criterio escrito de cuándo se usa la IA para esa tarea y cuándo no. Los modos de fallo que impiden llegar ahí están en qué falla en una formación de IA.

Cómo revisar el plan al año siguiente

Un plan de formación en IA no se rehace desde cero cada año; se revisa con cuatro preguntas, y ninguna exige adivinar nada:

  • Qué casos de uso se consolidaron y cuáles se abandonaron, con tareas concretas.
  • Qué cambió en vuestras herramientas: licencias nuevas, migraciones, funciones que os habilitaron y no usa nadie.
  • Quién quedó fuera en la primera ronda y ahora tiene sentido incorporar, con los ejemplos ya probados por sus compañeros.
  • Qué tareas nuevas han aparecido en el equipo desde la última vez.

Con esas cuatro respuestas, el plan del año siguiente se escribe en una tarde. Sin ellas, se vuelve a comprar un temario.

En resumen

Decidir en qué formar al equipo es un ejercicio de orden, no de anticipación: punto de partida, criterio de uso, método, dos o tres tareas reales por puesto, y la herramienta al final. Lo que caduca es la interfaz; lo que se queda es la forma de trabajar. Si buscas referencias externas antes de decidir, en cómo elegir un curso de IA para empresas en España están las señales que separan un programa serio de un catálogo; y si lo que hay que resolver antes es el criterio de la dirección, eso se trabaja en mentoría en IA para directivos.

Y si prefieres no montar el plan a solas, reserva media hora: salimos de ahí con vuestro punto de partida identificado, las dos o tres tareas por las que empezar y una idea clara de qué no hace falta formar. A veces la conclusión es que con menos horas de las previstas basta, y decirlo también forma parte del trabajo.

Dudas habituales

Preguntas frecuentes

¿Con cuánta antelación se puede cerrar un plan de formación en IA?

El objetivo, los puestos por los que se empieza y las tareas que hay que resolver se pueden fijar para todo el año sin miedo, porque no dependen de qué anuncie ningún fabricante. Lo que conviene dejar abierto hasta poco antes de cada sesión es la herramienta concreta y la versión sobre la que se practica. Si además se quiere bonificar el coste, hay plazos de comunicación previos que marcan la fecha límite real para decidir, y esos los fija el procedimiento, no el proveedor: conviene consultarlos antes de comprometer un calendario.

¿Qué debería aprender mi equipo de IA primero?

Antes que ninguna herramienta, dos cosas: qué información se puede meter en cada sistema y cuál no, y cómo se revisa un resultado que suena bien pero puede estar mal. A partir de ahí, el método para dar instrucciones útiles y dos o tres tareas propias de cada puesto trabajadas hasta que salgan sin pensar. Las funciones concretas de una aplicación se aprenden mucho más rápido cuando ya existe ese criterio, y sin él se aprenden y no se usan.

Hemos pagado licencias de Copilot y casi nadie las usa: ¿por dónde se empieza?

Por las tareas, no por la herramienta. Cuando hay licencias compradas y sin adopción, el problema rara vez es que la gente no sepa dónde está el botón: es que nadie le ha enseñado qué parte de su trabajo concreto mejora con eso y qué parte no. El punto de entrada que rinde en ese escenario es elegir dos o tres tareas frecuentes de cada puesto, trabajarlas en sesión con documentos reales y dejar la instrucción guardada en un sitio compartido. La visita guiada por los menús se puede dar después, y en la mitad de tiempo.

¿Hay que formar a toda la plantilla a la vez?

Casi nunca conviene. Formar a todo el mundo el mismo día iguala el gasto, no el resultado: buena parte de la sala trabaja en tareas donde la IA aporta poco y sale con la sensación de haber perdido una mañana. Rinde más empezar por los puestos que gestionan más texto, documentos o correo, dejar que consoliden sus casos de uso y ampliar después con ejemplos ya probados dentro de casa, que convencen más que cualquier demostración.

¿Obliga la normativa europea a formar en IA a los empleados?

El artículo 4 del Reglamento europeo de IA obliga desde el 2 de febrero de 2025 a garantizar «un nivel suficiente de alfabetización en materia de IA» de las personas que trabajan con estos sistemas por cuenta de la organización y, según la nota de preguntas y respuestas de la Comisión Europea sobre alfabetización en IA, desde el 3 de agosto de 2026 las autoridades pueden supervisar su cumplimiento. No exige ningún certificado concreto ni un curso determinado: exige poder explicar qué medidas se han tomado, para lo que ayuda tener un registro sencillo de la formación impartida.

¿Cuántas horas de formación en IA hacen falta?

No hay una cifra que valga para todos, y conviene desconfiar de quien la dé antes de conocer vuestras tareas. Lo que sí se repite es la forma: rinde más repartir las horas en varias sesiones separadas por semanas, con trabajo real en medio, que concentrarlas en una jornada larga. El motivo es que las dudas que de verdad importan aparecen al intentar aplicarlo, no en el aula, y si no queda ninguna sesión por delante nadie las resuelve.

Siguiente paso

Empecemos por media hora

Una sesión de diagnóstico de 30 minutos para ver qué necesita tu equipo. Si no encaja, te lo digo y no perdemos más tiempo.